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Martes, 26 Enero 2016 19:04

SACRIFICIO RITUAL DE ANIMALES EN MATADERO

 “Musulmanes y judíos comparten muchos preceptos alimenticios y los veterinarios debe estar preparados ante cualquier tipo de sacrificio, sea normal o ritual”

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jesus 

D. Jesús García López Presidente de AVESA 

 Presidente del Ilustre Colegio Oficial de Veterinarios

de la provincia de Zaragoza

 

 

Dos comunidades, la israelita y la musulmana, tienen peculiaridades alimenticias que ampara la Constitución Española, y reconoce el derecho de estos pueblos al sacrificio ritual de los animales de acuerdo a las leyes y normas propias y a la normativa sanitaria vigente. El Estado español y la Unión Europea reservan para estas comunidades el uso de las denominaciones que reciben los alimentos preparados de acuerdo a la tradición. Para la carne de los animales sacrificados bajo ritual judío “Kosher” y “halal” bajo el rito musulmán. En consecuencia, la actual normativa respeta la libertad de religión y el derecho a manifestar la religión o las convicciones a través del culto, la enseñanza, las prácticas y la observancia de los ritos, de acuerdo con el artículo 10 de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

 

Sin entrar en disquisiciones sociológicas sobre estas prácticas o rituales arraigados en las costumbres religiosas de una gran parte de nuestros conciudadanos, lo cierto es, que, lo que en su momento fue una muestra de “tolerancia”, hoy se ha trasformado en “un derecho” de estos pueblos ante el cual el veterinario de matadero debe estar perfectamente preparado.

 

El sacrificio 'halal' (musulmán) o 'kosher' (judío) requiere que los animales estén conscientes antes de ser degollados y desangrados, a diferencia de los mataderos no religiosos donde se les aturde primero para tratar de aliviar su sufrimiento, siguiendo una normativa de la Comisión Europea que permite la excepción en los degolladeros que se rigen por preceptos religiosos.

 

Los judíos sólo pueden comer los animales que posean la doble característica de tener pezuñas hendidas y ser rumiantes. Todos los demás están prohibidos. Vacuno, ovino, caprino y cérvidos son especies puras. Las aves de corral han sido tradicionalmente aceptadas, pollos, pavos, gansos, palomas, patos. La ley judía establece con todo lujo de detalles como deben ser sacrificados y conservados, sin restos de sangre. El degüello ritual judío realizado por un matarife experto “shojet” persigue causar el menor dolor o sufrimiento al animal a la vez de que salga la mayor cantidad de sangre posible, seccionando de forma rápida con un cuchillo “jifero”, la tráquea, el esófago, los dos nervios vagos, las dos arterias carótidas y las venas yugulares.

 

Los musulmanes tienen prohibido comer la carne de los animales que no han sido ofrecidos a Dios en el momento del sacrificio. No están permitidos los cerdos, asnos, mulas, perros, elefantes, leopardos, leones, osos y aves de presa como el águila y el halcón. La forma en la que han muerto condiciona la legalidad o ilegalidad de las especies autorizadas. En consecuencia, son ilegales las carnes procedentes de animales muertos de forma natural y las partes de los animales amputadas antes de ser sacrificados, al igual que aquellos animales que hayan muerto por asfixia o golpeados.

 

El sacrificio islámico (dakat) se realiza por degüello mediante la sección de la traquea, esófago y carótidas en el vacuno, ovino, caprino y aves. El apuñalamiento (nahr) en un punto concreto de la traquea (ulva) se utiliza en dromedarios y camellos. El asaetamiento (oqr) se utiliza en animales salvajes. No está permitido el aturdimiento por golpe o por anhídrido de carbono. Para las aves no se permite la descarga eléctrica y si para los animales grandes que deben permanecer vivos antes del sacrificio, en caso contrario se rechazarán.

 

Todo ello debe ser controlado por el veterinario, y una vez realizado el sacrificio procederá a la inspección sanitaria de las canales.